La envidia es uno de los sentimientos más dañinos y causa un gran desgaste emocional. Por ello debemos evitar sentir envidia o por lo menos trata de darle un enfoque más sano.

Normalmente dirigimos la envidia hacia personas cercanas a nuestro entorno: familia, amigos, conocidos, compañeros, etc. y esto afecta en gran medida en las relaciones interpersonales tanto familiares como profesionales impidiendo que éstas se desarrollen con normalidad.

La envidia es un sentimiento desconcertante ya que mezcla emociones contradictorias: por un lado, se admira lo que la otra persona ha conseguido y, por otro, se siente pesar, enfado y frustración por no tener ese bien ajeno que consideramos indispensable para ser feliz. Ya lo decía con mucho acierto Miguel de Cervantes: «Donde reina la envidia no puede vivir la virtud»

La envidia es un fenómeno psicológico que se produce de forma muy común y que hace sufrir tanto al envidioso como a sus propias víctimas, produciendo al afectado sentimientos de fracaso, melancolía y rencor que pueden hasta afectar la salud física, mental y emocional: insomnio, trastornos de apetito, ansiedad y depresión. «La envidia es el único vicio que no produce ningún placer a nadie».

Lo que no cabe duda es que campa a sus anchas en las empresas, en las redes sociales y en las vidas personales de cualquier mortal. Y si tenemos éxito, muy probablemente lo generemos a nuestro alrededor, aunque no siempre seamos conscientes. Así pues, si deseamos neutralizar su efecto, veamos qué cuatro pasos podemos dar para conseguirlo.

  1. Reconoce la emoción y qué te lo produce

La envidia surge cuando alguien tiene algo que uno no posee y que querría también. Puede ser desde una relación de pareja, un mejor puesto de trabajo, un aspecto físico increíble…

Hay dos tipos de envidia: la sana y la dañina, podríamos decir. La sana es cuando solo deseamos el objeto que el otro posee como, por ejemplo, el coche de alta gama de uno de nuestros amigos. Cuando sentimos envidia sana no nos alegramos por el mal ajeno, sencillamente queremos también otro coche igual. Sin embargo, la envidia a secas es más complicada y nos alegramos de que al otro le vayan mal las cosas. Así pues, el primer paso es identificar con honestidad qué tipo de envidia sientes y qué es exactamente lo que te lo despierta.

  1. Mira detenidamente el comportamiento que te genera

Tenemos dos tipos de reacciones posibles ante la envidia: la respuesta depresiva o la guerrera. La primera nos sumerge en el lamento, el victimismo tipo : el “pobrecito de mí”, “soy peor”, “no valgo”… Con esto no hacemos nada más que “autoflagerarnos” (que ya es bastante, la verdad). La respuesta hostil es más agresiva y nos lleva desde criticar como locos el éxito del otro bajo mil excusas o a acciones más feas. Por ello, como segundo paso, hazte una pregunta: ¿a qué tiendes más, a la queja o a la crítica?

  1. Céntrate en ti mismo, no en los demás.

Comparamos y comparamos aunque no seamos conscientes. Pero, ¿sabes? Siempre hay alguien mejor que nosotros en algo. O es más listo, o más rico o más atractivo. Por ello, el mejor termómetro que podemos tener es compararnos contra nosotros mismos en el pasado. En el caso de hablar otro idioma, por ejemplo, no te compares con el que es bilingüe, sino contigo mismo un año atrás. De este modo, se estimula el aprendizaje y se entierra esta emoción oscura.

  1. Céntrate en tus fortalezas (sin menospreciar el éxito del otro)

Y por último, el gran avance consiste en alegrarse por el éxito deseado ajeno. Para ello, una buena técnica es ganar en autoestima, que lo conseguimos si tenemos presente nuestras fortalezas personales y nuestros propios logros. Motivo: la envidia te evita aprender de otros porque los desprecias. Por ello, si nos sentimos también fuertes tendremos más capacidad de aprender, de disfrutar de ser nosotros mismos y de sufrir menos. Vale la pena, ¿verdad?

“Sé tú mismo, los demás puestos ya están ocupados” Oscar Wilde

Por tanto, si una persona se ve arrebatada por la envidia y siente que es incapaz de manejarla, lo mejor es pedir ayuda profesional para encauzar de manera adecuada este sentimiento que tanto desgaste emocional nos puede causar.

«El silencio del envidioso está lleno de ruidos», Khalil Gibran